Una de las medidas de carácter general que aparecen recogidas en las Instrucciones de 8 de marzo de 2017 y que se puede utilizar como estrategias específicas de enseñanza -aprendizaje es el aprendizaje cooperativo. Además, son muchos los docentes que consideran que con esta metodología se alcanzan logros bastantes significativos. Estos logros se consiguen al realizar propuestas más motivadoras y dinámicas.
Con el Aprendizaje Cooperativo conseguimos que el alumnado trabaje en equipo, ayudándose unos a otros. Además, aprenden unos de otros al producirse interacciones entre los componentes del grupo. Los grupos deben formarse de manera heterogénea, ya que este tipo de agrupamiento permite atender al alumnado en su diversidad (capacidad, cultura, interés…), evitando el efecto negativo de las distribuciones homogéneas y de las «etiquetas» (efecto Pigmalión). Esta mirada de organización didáctica, las estructuras cooperativas, permiten alejarse del aprendizaje individualista y competitivo. Por tanto, esta estructura favorece la Atención a la Diversidad.
Además, la interacción entre iguales, permite que alumnas y alumnos con capacidades y motivaciones diferentes aprendan juntos para que puedan aprender unos de otros y estimularse mutuamente para el aprendizaje.
Otra ventaja del empleo del trabajo cooperativo en un aula es el desarrollo de valores como la solidaridad, ayuda mutua, respeto por las diferencias, etc; y la mejora de la convivencia, ya que el alumnado tiene que aprender a respetar la opinión y el trabajo de los demás como resultado propio, comunitario. Y por supuesto, el trabajo cooperativo permite que el alumnado desarrolle las competencias básicas y algunas de las diferentes inteligencias (Inteligencias Múltiples de Gadner).
En la siguiente infografía de EducaLAB nos dan cinco pasos para poder introducir el aprendizaje cooperativo en el aula y conseguir buenos resultados.
